Esto es una que va a confesarse al cura y le dice:
- Padre mío, padre mío, vengo a contarle un caso que he cometido el otro día en el pinar de Concejo.
Estaba con mis corderitos en aquel pasto tan fino y tan fresco
Ya se asesteraron a la sombra de un cerezo
Yo también me asesteré en un chambergo
Y entonces le contestó el cura:
- Ya sé, hija mía, que por las palabras que vienes diciendo, esos pechitos vienen manchados con la baba del veneno. Pero no te apures hija mía que, cogiéndote un confesor bueno, por muy grande que sea el pecado como un taco vas al cielo. Y además yo conocí a unas mujeres que de joder se pudrieron y aún andan atacando con San Pedro.