El váter se lo tenía que hacer un hombre de Villar del Humo que se llamaba Teófilo.
Doña Inés era la mujer de Don Julio, maestro del pueblo. Esta mujer era de Cádiz, y claro, en aquel entonces aquí en el pueblo había animales sueltos por las calles: gallinas, algún gorrinillo… claro, pues algo de olor de lo que cagaban los animales hacía.
Esta mujer se ve que era un poco fina y en varias ocasiones le dijo al albañil:
- Señor Teófilo, hágame usted un váter que no me huela, por favor.
Claro, tantas veces se lo dijo que en una de ellas le responde el albañil:
- Eso tiene fácil solución doña Inés, cague usted en la cocina y cocine usted en el vater; así el vater no le olerá a mierda y en la cocina no se le hará humo.